Resulta muy extraño saber que existen personas con quien compartes el 50% de los genes, vaya, que son tu sangre, y no conocerlas. Durante muchos años ignoré la importancia de los (llamados) lazos de sangre y descubrí que, efectivamente, no son tan importantes (ni tan prácticos a veces). Creo que los lazos importantes son los que uno decide formar con las personas, independientemente de su origen, cultura, educación o creencias. La sangre no me puede tanto como el hecho de compartir historias comunes con mis hermanas y aclarar cosas antes difusas en la historia de cada una.
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Después de salir a varios lugares, tomamos café en casa de la abuela. Las niñas estaban vueltas locas entre compartir y no compartir, convivir o mandarse mutuamente lejos. El esposo de Lula me cayó bien pero es un perico y no daba mucha tregua para hablar. Por el contrario el esposo de Co es más tranquilo y casi no hablaba.
Al día siguiente de nuestra llegada, fuimos a desayunar en familia. Era un bullicio tal, que la niña, Aquel y yo nos quedamos callados, azorados y mirándonos entre gritos y conversaciones estruendosas. ¡Vaya que la gente por allá habla fuerte!
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Después de salir a varios lugares, tomamos café en casa de la abuela. Las niñas estaban vueltas locas entre compartir y no compartir, convivir o mandarse mutuamente lejos. El esposo de Lula me cayó bien pero es un perico y no daba mucha tregua para hablar. Por el contrario el esposo de Co es más tranquilo y casi no hablaba.
Al día siguiente de nuestra llegada, fuimos a desayunar en familia. Era un bullicio tal, que la niña, Aquel y yo nos quedamos callados, azorados y mirándonos entre gritos y conversaciones estruendosas. ¡Vaya que la gente por allá habla fuerte!
Descansamos un rato en el hotel. Enfundamos a la niña en el inflable y la echamos al agua para que se cansara pronto. Llegaron por nosotros para ir a la playa, la añorada playa. Co y su familia no pudieron ir, pero Lula, Sr. Lulo y Lulita fueron con nosotros. Comimos mariscos a reventar. Las niñas se remojaron poco en el mar porque la sensación fue jugar con la arena.Regresamos ya entrada la tarde. Las niñas se quedaron dormidas y Aquel decidió entretener al Sr. Lulo para que Lula y yo pudiéramos hablar. Muchos recuerdos y poco tiempo para hablar.
Llegaron todos y cenamos.
Al día siguiente iríamos a Tuxpam. Mis hermanas me pedían que me quedara un día más, pero el temor al tránsito carretero post vacacional era grande. Desayunamos por última vez juntos.
Nos despedimos efusivamente y llovieron besos y abrazos. La abuela nos regaló quesos, tamales de camarón y pemoles.
Hasta aquí siento que mi relato es como esos cuentos de libro de primaria de la SEP de mi época, donde algún chavito viajaba a casa de los parientes lejanos y todo era bonito.
El viaje a Pueblo Viejo me dejó claras varias cosas: mi abuela no sería siempre malvada, rara tal vez, pero no malvada; la vida me puso en la ciudad por algo y me alegro de que así haya sido; mis hermanas están bien, son diferentes, pero buenas personas; quisiera regresar con más tiempo y armada de algún aislante para poder hablar más con ellas.
Chilangofobia
Claro no todo es bello bello siempre (como en los libros de la SEP). El odio hacia los chilangos (que según yo eran los que traían chiles, procedentes de Puebla, y no los habitantes del Distrito Federal, pero en fin...) parece ser congénito: aventaron algo (pudo ser refresco, yogurt, etc) sobre el auto y lo dejaron muy muy muy muy puerco. Pensé que la chilangofobia era cosa del
Imagínense que acá nos volviéramos norteñofóbicos... ¡qué tontería!
Maltrato animal
Claro en una sociedad chilangófoba, macha y alejada de las ONG's no podemos esperar otra cosa. Por todos lados vi animales gravemente mutilados, al parecer allá la gente no tiene el menor respeto por ellos. Vi gatos sin cola, animales sarnosos, golpeados y el más grave era un perro que no tenía cara. El pobre perro tenía heridas graves por todo el cuerpo, no tenía ya ojos y en el lugar de la nariz había un gran hueco de lado a lado en carne viva. Si hubieramos podido, lo sacrificábamos ahí mismo. Fue inevitable que la niña lo viera. Solo dijo: mira mami, ese perrito se rompió. :(
Pensé en tomarle foto para exponer la crueldad humana y como forma de denuncia contra el maltrato animal y blablablá, pero: en primera, si no tengo con qué acabar el sufrimiento de este pobre animal, con qué pto derecho lo puedo exponer; en segunda, ¿para que la estén morboseando y nadie haga nada?
Nooooo, chilangófobos y uleeeeros. Paso, soy culerófoba.

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