Es 31 de marzo y no ha amanecido; son las 3:58 am. Dormimos apenas cuatro horas, y el sueño no nos suelta. Me visto rápidamente y apresuro a Aquel. ¡Anda! -le digo insistentemente hasta que logro levantarlo.
La niña está a punto de llorar al verse interrumpida en el sueño, pero el rostro le cambia cuando digo que YA llegó el día en que viajaremos a la playa. Emocionada, toma cubeta y palitas lista para jugar con la arena. De un lado a otro: hielera, maleta, juguitos para el camino, sandwiches, mapas, carteras, llaves, teléfonos y cargadores, los tennis de la niña, el perico...
Salimos 20 minutos después de lo previsto.
Ya vamos por la ciudad con la modorra encima. Todo vacío.
-Ve hacia Circuito y por ahí saldrás a La Raza. Luego, ve derecho por Insurgentes.
Siempre me he sabido excelente copiloto: no me duermo, hago la plática, pongo música adecuada, me oriento bien y me llevo bien con los mapas. Sin embargo, hice que nos perdiéramos en la ciudad, 10 minutos menos solamente. Hora y media después, la luna nos seguía por atrás y el sol asomaba por delante. La niña roncaba fuerte.
Un tramo del camino estaba lleno de curvas, algunas de subida y otras de bajada. Descubrí que ahora que he manejado el estómago se me hunde en cada curvaen cada maniobra para rebasar y cada que el tacómetro marca más de 100 km/h. Más música.
A la derecha, un lago muy bonito bañado por la bruma de la mañana. Más adelante una zona verde, muchos baches y animales muertos. Conté unos 15 cuando íbamos, y aproximadamente, unos 12 de regreso (aunque había dos enormes reses que podrían contar como 5).
Por las afueras de Poza Rica circulaban muchos camiones de PEMEX y pudimos ver una hidroeléctrica de la CFE. A lo largo del camino, un sinfín de autos con placas del Estado de México y del Distrito. En Tuxpam, cruzamos el puente sobre el estero con todo y su increíble vista. Hicimos una escala corta a medio día para estirarnos, después de casi cinco horas de viaje.
Las siguientes 3 horas fueron eternas y pesadas. El cielo era muy brillante, pues estaba nublado, y se sentía un calor bochornoso que nos hacía sudar constantemente en nuestros asientos.
Pasamos un retén militar y llegamos a Pueblo Viejo a la 1pm.
Mis hermanas pasaron por nosotros. La escena era rara: tres chicas con sus tres hijas y sus tres Aquellos. Mi hija se lanzó a los brazos de una de ellas, y todos nos abrazamos emotivamente a pesar de ser extraños. Fuimos a casa de mi abuela (a quien no veo desde los 5 años) y ella nos recibió con ese toque característico suyo. Noté que sus ojos y su voz estaban temblorosos, no supe si por la edad o porque estaba conmovida y antes de que pudiera saberlo, se metió rápidamente a la cocina.
Es muy extraño para mi encontrar simpáticos a los niños extraños, pero mis sobrinas me fueron gratas desde el inicio. La más pequeña oscila entre brisita coqueta y huracán destructor, es muy cariñosa pero es también muy cabroncilla. Mi otra sobrina me hizo pensar que hay personas en este mundo que son, lucen y hacen todo muy intensamente. Sus rasgos y sus acciones son contundentes: se rien fuerte con dientes grandísimos, lloran fuerte con lagrimones enormes, distrutan a lo grande y si se caen, se caen a lo grande y el drama está fuertísimo...
Después de comer, fuimos a conocer la laguna de Pueblo Viejo. El lugar no luce muy alegre y definitivamente no clasifica como turístico, sino más pesquero e incidental. Los pobladores no parecen preocuparse mucho por cuestiones ecológicas así que la orilla está llena de crap.
La niña está a punto de llorar al verse interrumpida en el sueño, pero el rostro le cambia cuando digo que YA llegó el día en que viajaremos a la playa. Emocionada, toma cubeta y palitas lista para jugar con la arena. De un lado a otro: hielera, maleta, juguitos para el camino, sandwiches, mapas, carteras, llaves, teléfonos y cargadores, los tennis de la niña, el perico...
Salimos 20 minutos después de lo previsto.
Ya vamos por la ciudad con la modorra encima. Todo vacío.
-Ve hacia Circuito y por ahí saldrás a La Raza. Luego, ve derecho por Insurgentes.
Siempre me he sabido excelente copiloto: no me duermo, hago la plática, pongo música adecuada, me oriento bien y me llevo bien con los mapas. Sin embargo, hice que nos perdiéramos en la ciudad, 10 minutos menos solamente. Hora y media después, la luna nos seguía por atrás y el sol asomaba por delante. La niña roncaba fuerte.
Un tramo del camino estaba lleno de curvas, algunas de subida y otras de bajada. Descubrí que ahora que he manejado el estómago se me hunde en cada curvaen cada maniobra para rebasar y cada que el tacómetro marca más de 100 km/h. Más música.
A la derecha, un lago muy bonito bañado por la bruma de la mañana. Más adelante una zona verde, muchos baches y animales muertos. Conté unos 15 cuando íbamos, y aproximadamente, unos 12 de regreso (aunque había dos enormes reses que podrían contar como 5).
Por las afueras de Poza Rica circulaban muchos camiones de PEMEX y pudimos ver una hidroeléctrica de la CFE. A lo largo del camino, un sinfín de autos con placas del Estado de México y del Distrito. En Tuxpam, cruzamos el puente sobre el estero con todo y su increíble vista. Hicimos una escala corta a medio día para estirarnos, después de casi cinco horas de viaje.
Las siguientes 3 horas fueron eternas y pesadas. El cielo era muy brillante, pues estaba nublado, y se sentía un calor bochornoso que nos hacía sudar constantemente en nuestros asientos.
Pasamos un retén militar y llegamos a Pueblo Viejo a la 1pm.
Mis hermanas pasaron por nosotros. La escena era rara: tres chicas con sus tres hijas y sus tres Aquellos. Mi hija se lanzó a los brazos de una de ellas, y todos nos abrazamos emotivamente a pesar de ser extraños. Fuimos a casa de mi abuela (a quien no veo desde los 5 años) y ella nos recibió con ese toque característico suyo. Noté que sus ojos y su voz estaban temblorosos, no supe si por la edad o porque estaba conmovida y antes de que pudiera saberlo, se metió rápidamente a la cocina.
Es muy extraño para mi encontrar simpáticos a los niños extraños, pero mis sobrinas me fueron gratas desde el inicio. La más pequeña oscila entre brisita coqueta y huracán destructor, es muy cariñosa pero es también muy cabroncilla. Mi otra sobrina me hizo pensar que hay personas en este mundo que son, lucen y hacen todo muy intensamente. Sus rasgos y sus acciones son contundentes: se rien fuerte con dientes grandísimos, lloran fuerte con lagrimones enormes, distrutan a lo grande y si se caen, se caen a lo grande y el drama está fuertísimo...
Regresamos a casa de la abuela y de inmediato fuimos a una colina donde se encuentra un hotel abandonado. El lugar está medio tétrico, pero lo tétrico nos emociona. Tomamos varias fotografías y todas salieron borrosas.
(Continúa)
(Continúa)

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