Me costó trabajo salir de Pueblo Viejo. Después de la (difícil) despedida subimos al carro con caras de nostalgia prematura y nos enfilamos hacia Tuxpam. Los primeros minutos íbamos en silencio, digiriendo la reciente experiencia de visitar a la familia. Finalmente, Aquel me preguntó cómo me sentía. Bien,-dije -ójalá regresemos pronto o ellas nosvisiten pronto. La niña parecía nostálgica también.
Queríamos regresar temprano, pero nos ganó la idea de ir a la playa y corrimos antes del amanecer. Nos apuramos a hacer un castillo de arena, vegetar, jugar con las olitas y secarnos a tiempo. Los niños son chistosos: algunos lloran ante la inmensidad del mar, otros más intrépidos se meten sin pensarlo, unos más lo contemplan con asombro y algunos se mojan los pies entre risas nerviosas. Lo cierto es que nunca he visto niños que lo miren con indiferencia. Los adultos (sobre todo citadinos) nos sentimos atraídos, atemorizados o felices, pero nunca indiferentes.

Varias horas después llegamos a Tuxpam y fuimos directamente a la alberca. El cielo estaba mucho más despejado y disfrutable. Nadamos un rato, descansamos y fuimos a comer mariscos para variar. Conocimos las dos callecitas semi turísticas del Tuxpam y a falta de más, decidimos subirnos a la lanchita para el recorrido de media hora.
Esa fue la mejor parte del viaje, iba onda Titanic al frente de la lancha, veloz y con el aire en la cara, temblando, además, por el temor de tirar la cámara al agua. La niña iba feliz con los rizos al aire, sonrisa y todo. Regresamos por la tarde y, tendidos como morsas, dormimos una siesta.
Queríamos regresar temprano, pero nos ganó la idea de ir a la playa y corrimos antes del amanecer. Nos apuramos a hacer un castillo de arena, vegetar, jugar con las olitas y secarnos a tiempo. Los niños son chistosos: algunos lloran ante la inmensidad del mar, otros más intrépidos se meten sin pensarlo, unos más lo contemplan con asombro y algunos se mojan los pies entre risas nerviosas. Lo cierto es que nunca he visto niños que lo miren con indiferencia. Los adultos (sobre todo citadinos) nos sentimos atraídos, atemorizados o felices, pero nunca indiferentes.Uno regresa a la vida real a regañadientes. Todos odiamos que se terminen las vacaciones, lavar la ropa de viaje, limpiar la casa, hacer la despensa o ir nuevamente a la oficina. Eso sí, uno bien bronceadito, descansado y con u par de kilos más.
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¿¿¿¿¿¿Temblor en Mexicali?!?!?!?!?!?!?!?
¿¿¿¿¿¿¿Paulette murió?!?!?!?!?!?!?!?!?

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