Wednesday, August 12, 2009

Empacar es una máquina del tiempo (1)
















Fase 1: El Comedor

A pesar de que el depa donde vivo es malvibroso y lleno de porquerías (he sacado las cosas más inútiles de los cajones: medicinas caducas, estampas, pedazos de goma, recibos de luz de 1987, perforadoras inservibles, recipientes de crema que seguro tienen mi edad, basura de lápiz, una engrapadora vieja, tijeras de pollero, papeles con recados de hace 10 años...), creo que empacar es una máquina del tiempo.

Generalmente uno sabe de dónde proviene cada objeto, sobre todo cuando ha pasado mucho tiempo en casa con gente solitaria bajo el mismo techo. ¡Qué tristeza tirar las copas de cristal rojo con esmerilado que mi tía abuela compró un 10 de mayo de hace varias décadas! Las usábamos en navidad, de niña las admiraba a escondidas y ahora están incompletas por el paso del tiempo y uno que otro accidente. El juego de té miniatura lo ha heredado mi hija, se lo daré en unos años cuando le cuente historias familiares, de las lindas.

Quiero emancipar del olvido esas tazas de espresso que el polvo se adueñó y beber en los vasos más ochenteros del mundo. La pobre cafetera de espresso no se salvó, está muy oxidada (escondida por los rincones temerosa que alguien la vea...). Los manteles de la abuela, diseñados para grandes comedores con distinguidos comensales terminarán convertidos en útiles trapitos porque no pertenecen a ésta época minimalista; la vajilla maravillosa que de niña husmeaba (también a escondidas) se salva, esperando ser utilizada pronto.

De pequeña deseé con toda mi almita un carruaje de madera tirado por sus caballos en cuya cabina se albergaba un foquito, las tacitas de porcelana china... en fin, todo aquello que de tanta época revuelta resulta de mal gusto, pero que de niños nos puede sumergir en la fantasía de su historia. Y solo he escombrado el comedor...


Hay un juego de siete tazas de cerámica con tapita, nada del otro mundo, pero decidí regalar una por una a cada uno de mis buenos amigos, álgo simbólico, idéático o supersticioso, no sé, por mi regalaba todo a mis amigos, pero ninguno tiene espacio para tanta porquería... falta la colección de ranas.


¿Cómo es mudarse? ¿Qué porquerías guardan?

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