Son las 8am y aun estoy en la cama. El sol decembrino ya proyecta mi sombra en la pared. Mi cabello es, por fin, tan largo como hace varios años. Me gusta. Sin embargo, al mover los ojos siento mareos repentinos. No me gusta.
Hoy estoy molesta conmigo misma: hace dos años que vivo con hipotiroidismo y no he ido a control médico. Podría argumentar mil cosas: no tengo seguridad social y cuando la tenía no había enddocrinólogos disponibles (y ya pasaron varios meses de eso y, uno de los mayores hospitales públicos de una de las urbes más pobladas y grandes del mundo, no ha logrado contratar un endocrinólogo); no tengo trabajo, ni dinero, necesito análisis, necesito una cita con un médico privado... soy negligente. Eso es, la negligencia, estúpida e insensata.
¿Deprimida? Sí, llevo ya un tiempo así. Recuperé un poco el ánimo cuando, hace dos años empecé a trabajar en un lugar que lucía prometedor pero que, después de 1 año me dejó completamente agotada, deprimida, estresada y con ganas de abofetear a mi jefa todos los días.
Renuncié. Al mes siguiente mi ex jefa me suplicó que regresara. Le puse una condición: trabajo desde casa. Aceptó. Y así, transcurrieron varios meses: levantarse a las 7, iniciar el trabajo puntual a las 8am, monitorear, escribir, medir, y todo el blablabla que los gurus recomiendan hasta las 2:30 pm. Mi sueldo, por supuesto no era el mismo, pero evitar el tránsito en la mañana y los rituales de oficina fueron buena retribución.
Pero, ¿mencioné que constantemente me atacaban unas ganas de abofetear a mi jefa cuando hacía mi trabajo in situ? Bueno, pensé que la modalidad home office ayudaría a eliminar esos pensamientos, pero, al final, abofetearla sonaba insuficiente: además del trabajo que venía realizando, quería forzarme a tomar un proyecto sin decirme cuánto me pagaría y sin anticipos ni nada.
Imaginen que alguien les pide que hagan un maratón de 120km sin decirles exactamente cuál es es el premio, pero conocen al patrocinador y saben que no puede ser atractivo. El patrocinador les amenaza con quitarles el patrocinio si no lo hacen.
¿Mencioné que ya no tenía contrato o prestaciones y que mi modalidad de trabajo era, de hecho, como freelancer?
No ahondaré en la cuestión: me negué a hacer el proyecto y entonces, mi ahora ex jefa, alegando que no podía trabajar con alguien que hace "dramas de todo" me despidió, no solo del proyecto sino de todo. Pasé semanas pensando en la frase "hacer drama de todo".
Imagino que el jefe de mi ex jefa ha utilizado esa misma frase... Claro, porque es un macho de la vieja escuela. Y en un país como este, seguro escuchó esa misma frase varias veces a lo largo de su carrera... Por supuesto, en el medio en que se desenvuelve, probablemente había un montón de machos que le dejaron claro que "es de nenas quejarse".
Aunque claro, no creo que sea un "drama" estar en desacuerdo si es ella quien pide el presupuesto, si ella es la que requiere saber los costos, si ella es la que quiere asegurarse que su hueso es suficientemente grande y vale la pena.
"Dramas de todo". Esa maldita frase ha estado en mi cabeza por casi un año. En verdad: aprueban una reforma nefasta, la gente sale a protestar y la veo perfectamente: "dramas de todo"; alzan el precio del metro y la gente se salta: "dramas de todo"; la radiación de Fukushima se extiende por el océano: "dramas de todo"; las Catarátas del Niágara se congelan parcialmente: "dramas de todo"...
Perdón, no logro superarlo.
Poco después de renunciar, terminé la carrera, pasé unos meses preocupada por la tesis sin avanzar, pero cuando por fin lo decidí me tomó 40 días. Fueron mis 40 días en el desierto.
En unos meses me caso, mi tesis está en revisión, estoy trabajando en un nuevo proyecto musical (vaya, la vida es buena, carajo) y estoy en cama, con síntomas de hipotiroidismo por todos lados: fibromialgias, mareos, agotamiento; estoy deprimida porque no tengo trabajo, no tengo un quinto y la única cosa que hay en mi cabeza es que estos son "dramas de todo".
El otro día vi la página para la que trabajaba: cambió de staff mil veces, luce abandonada, sus redes sociales en agonía... Vaya: una ballena encallada esperando el rescate o la muerte.
Y lo que escribiré a continuación es brualmente honesto, pero profundamente humano: espero, con toda la fuerza de mi corazón, que cuando se encuentre desesperada buscando patrocinios y nadie se los brinde, que cuando su jefe le reclame el declive del sitio, o cuando ella espere un pago y le digan que su gestión fue deficiente, que dejó ir a todo su talento (porque verdaderamente, mis compañeros eran talentosos y todos estábamos muy comprometidos) que alguien por favor le diga: no hagas "dramas de todo" y entonces se acuerde de mis compañeros y de mí y sienta, al menos, una décima parte de lo que sentí cuando me di cuenta de que estaba enamorada de mi trabajo y esta perra inmunda me rompió el corazón.
Hoy estoy molesta conmigo misma: hace dos años que vivo con hipotiroidismo y no he ido a control médico. Podría argumentar mil cosas: no tengo seguridad social y cuando la tenía no había enddocrinólogos disponibles (y ya pasaron varios meses de eso y, uno de los mayores hospitales públicos de una de las urbes más pobladas y grandes del mundo, no ha logrado contratar un endocrinólogo); no tengo trabajo, ni dinero, necesito análisis, necesito una cita con un médico privado... soy negligente. Eso es, la negligencia, estúpida e insensata.
¿Deprimida? Sí, llevo ya un tiempo así. Recuperé un poco el ánimo cuando, hace dos años empecé a trabajar en un lugar que lucía prometedor pero que, después de 1 año me dejó completamente agotada, deprimida, estresada y con ganas de abofetear a mi jefa todos los días.
Renuncié. Al mes siguiente mi ex jefa me suplicó que regresara. Le puse una condición: trabajo desde casa. Aceptó. Y así, transcurrieron varios meses: levantarse a las 7, iniciar el trabajo puntual a las 8am, monitorear, escribir, medir, y todo el blablabla que los gurus recomiendan hasta las 2:30 pm. Mi sueldo, por supuesto no era el mismo, pero evitar el tránsito en la mañana y los rituales de oficina fueron buena retribución.
Pero, ¿mencioné que constantemente me atacaban unas ganas de abofetear a mi jefa cuando hacía mi trabajo in situ? Bueno, pensé que la modalidad home office ayudaría a eliminar esos pensamientos, pero, al final, abofetearla sonaba insuficiente: además del trabajo que venía realizando, quería forzarme a tomar un proyecto sin decirme cuánto me pagaría y sin anticipos ni nada.
Imaginen que alguien les pide que hagan un maratón de 120km sin decirles exactamente cuál es es el premio, pero conocen al patrocinador y saben que no puede ser atractivo. El patrocinador les amenaza con quitarles el patrocinio si no lo hacen.
¿Mencioné que ya no tenía contrato o prestaciones y que mi modalidad de trabajo era, de hecho, como freelancer?
No ahondaré en la cuestión: me negué a hacer el proyecto y entonces, mi ahora ex jefa, alegando que no podía trabajar con alguien que hace "dramas de todo" me despidió, no solo del proyecto sino de todo. Pasé semanas pensando en la frase "hacer drama de todo".
Imagino que el jefe de mi ex jefa ha utilizado esa misma frase... Claro, porque es un macho de la vieja escuela. Y en un país como este, seguro escuchó esa misma frase varias veces a lo largo de su carrera... Por supuesto, en el medio en que se desenvuelve, probablemente había un montón de machos que le dejaron claro que "es de nenas quejarse".
Aunque claro, no creo que sea un "drama" estar en desacuerdo si es ella quien pide el presupuesto, si ella es la que requiere saber los costos, si ella es la que quiere asegurarse que su hueso es suficientemente grande y vale la pena.
"Dramas de todo". Esa maldita frase ha estado en mi cabeza por casi un año. En verdad: aprueban una reforma nefasta, la gente sale a protestar y la veo perfectamente: "dramas de todo"; alzan el precio del metro y la gente se salta: "dramas de todo"; la radiación de Fukushima se extiende por el océano: "dramas de todo"; las Catarátas del Niágara se congelan parcialmente: "dramas de todo"...
Perdón, no logro superarlo.
Poco después de renunciar, terminé la carrera, pasé unos meses preocupada por la tesis sin avanzar, pero cuando por fin lo decidí me tomó 40 días. Fueron mis 40 días en el desierto.
En unos meses me caso, mi tesis está en revisión, estoy trabajando en un nuevo proyecto musical (vaya, la vida es buena, carajo) y estoy en cama, con síntomas de hipotiroidismo por todos lados: fibromialgias, mareos, agotamiento; estoy deprimida porque no tengo trabajo, no tengo un quinto y la única cosa que hay en mi cabeza es que estos son "dramas de todo".
El otro día vi la página para la que trabajaba: cambió de staff mil veces, luce abandonada, sus redes sociales en agonía... Vaya: una ballena encallada esperando el rescate o la muerte.
Y lo que escribiré a continuación es brualmente honesto, pero profundamente humano: espero, con toda la fuerza de mi corazón, que cuando se encuentre desesperada buscando patrocinios y nadie se los brinde, que cuando su jefe le reclame el declive del sitio, o cuando ella espere un pago y le digan que su gestión fue deficiente, que dejó ir a todo su talento (porque verdaderamente, mis compañeros eran talentosos y todos estábamos muy comprometidos) que alguien por favor le diga: no hagas "dramas de todo" y entonces se acuerde de mis compañeros y de mí y sienta, al menos, una décima parte de lo que sentí cuando me di cuenta de que estaba enamorada de mi trabajo y esta perra inmunda me rompió el corazón.


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