Wednesday, February 10, 2010

Experiencias al volante de una principiante en DeFecolandia

Lección #1: Siempre conducirás "menos pior" sin copilotos dubitativos
Hace un mes aproximadamente, contraté un instructor de manejo y recibí entrenamiento básico. El curso concluyó con una valiosa premisa: "...y esto sirve pa pura madre en esta ciudad".

El Aquel decidió corroborar si cada centavo que gasté en el curso fue útil y me cedió el volante en el estacionamiento de la casa (muy parecido al de los centros comerciales). El resultado: vociferaciones apabullantes, constantes, cargadas de estrés y desesperación que se convirtieron en el Aquel tomando el volante y mirádome con cara de: ¡no jodas!

Días después, fuimos a comer relativamente cerca de casa. Aquel cedió el volante a mis inexpertas pero decididas manos. Subiendo por una pendiente, toca el alto. Sin quitar el pie del freno esperé pacientemente que la luz cambiara a verde, y cuando esto sucedió lo único que sentí fue un golpe en la cara: el Aquel, dudando de la maniobra, se apresura a poner freno de mano causando un gran chillido de llantas y, en el camino, un golpazo en mi cara (sin querer, obviamente). Grita: Peeeeerdooooooónesqueteestabasyendoparaatrás
ynosabíasipodríassubirsindarlealdeatrasquesetepegóypudistechocarlonoinventes
arghargharghargh...
¬¬

Lección #2: Si no la controlas no la uses (y menos si traes a tu abuelita)
Quedé en solemne compromiso de acompañar a Abuelita por un documento para el que se requerían testigos. Así que, acompañadas por la otra testiga (mi amiga), subí valientemente en el coche un martes por la mañana con algo de nervio pero la firme decisión de no ceder.

Salimos de casa y llegamos a nuestro destino. Únicamente quedaba ver dónde estacionar el auto. Vimos un par de lugares: uno frente y otro detrás de un tope. ¡Brillante! Fui a estacionarme frente al tope pero como mal decidí retroceder un poquito, y el poquito se convirtió en empujón al auto de atrás que hizo carambola, a su vez, con el señor de la basura que estaba tras él.

Terror puro y vil. Afortunadamente fue solo eso: un empujón. El señor basurero de inmediato se acercó a ver qué rayos, y pocas veces me he sentido tan apenada. Vimos que estaba bien y que podía caminar, tenía las cuatro extremidades en su lugar, estaba lúcido, hablaba y además no guardaba rencor. Me disculpé ampliamente y gracias a su gran gran gran gran generosidad, el asunto no pasó a mayores.

JURO que no lo vuelvo a hacer.

Lección #3: Nada como como el conocimiento empírico
Armada de valor, salgo manejando de casa, sola. La calle por la que circulaba era tranquila y no había necesidad de correr. Detrás de mi, unos tipos en un... carro-negro-no-tan-viejo (ni idea de qué diantres de marca era) comienzan a desesperarse porque me detuve en la esquina, antes de dar la vuelta como indicaba mi direccional. Claxon. Ni me inmuto. Claxon. Les señalo que, si gustan, son bienvenidos a rebasarme. Y entonces, con amplia sonrisa miro cómo se detienen junto a mí con cara de disgusto: un camión de pasajeros estaba detenido a media calle (razón por la que no me moví antes) para que cuatro personas de la tercera edad lo abordaran. Los chicos me miran y levanto los hombros.

Lección #4: Mas vale sola... y con rete harto valor
Una tarde soleada de domingo mi amiga y yo acordamos vernos en un café. Es la segunda parte de mi primera salida sola en carro. Como Aquel va de salida, le pido que me guíe con su carro por el camino(soy una gallina, lo sé) para no euivocarme y sentirme poquito de seguirdad. Pasando la primera avenida, Aquel determina: tu a la derecha y yo a la izquierda, suerte y llámame sólo si tuviste algún problema.
Sigo adelante, atenta a cada detalle y, afortunadamente, cero errores. Me acerco al y sólo falta girar en la esquina y entrar al estacionamiento. La avenida está en obra y lo noto cuando ya voy pasando y girando precipitada y estúpidamente. ¡Qué bueno que no le pegué a los conos!
Llego al estacionamiento y me dispongo a tomar mi primer ticket. NO alcanzo. Quito el cinturón. No alcanzo. Está bien, bajo del auto y miro a los lados, seguro alguien estará riendo con esto.

De regreso, descubro que la ruta fácil está bloqueada por un mercado. Solo queda improvisar. Respira respira respira respira y... listo. Llegué entera.

Lección #5: Procura lucir mayor
Voy sobre una gran avenida decidida a recoger unas fotocopias en la escuela. Este trayecto me parece sencillo y por eso voy relajada. Preventiva. Según mis cálculos debo ir frenando, ¿o no? Bueno total ya frené y quedé algo sobre la línea peatonal. Inadmisible: como peatona me estaría lanzando miradas feas a mi misma. Voy poniendo reversa a ver si el de atrás se apiada. Se asoma un policía de tránsito:

-¡Atrás de la línea peatonal!

-Si claro oficial, en eso ando... (retrocedo)

-¡Así está bien! (Inspeccionándome) ¿Trae permiso*?
-Sí

-¡Enséñemela! (Frunciendo el ceño y mirando alternativamente la foto y mi cara) Está bien, ¡pásele!

*No se si notaron que dijo permiso y no licencia. El permiso de conducir es para menores de edad cuyos padres autorizan y la licencia es para ciudadanos mayor de edad. A al otra me voy más pintadita.

Lección #6: Contra los oprobios
Solo me queda practicar hasta que llegue un momento: en que no se me apague el carro pasando topes malhechos en calles de subida llenas de baches y grados de dificultad diversos; que no tenga que orillarme a pensar a dónde diablos voy porque me desoriento (sí, me desoriento al manejar); que en esas orilladas, cautas según yo, no muera de risa porque de toda la gente que me grita insultos, el 90% lo hace con el vidrio arriba.

Sólo la práctica.

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