Monday, September 14, 2009

Empacar es una máquina del tiempo (2)



Fase 2: Mi habitación

Existe en inglés una palabra cuyo significado es completamente aplicable a lo que me sucedió cuando decidí ue debía comenzar a empacar mis tiliches: procrastinate. Sé que suena pedante no encontrar una palabra en mi propio idioma, pero es pura falta de léxico e ignorancia de mi parte, confieso.

Durante todo el proceso en que logré vender muebles invendibles, empacar cosas inempacables y tirar cosas imposibles de tirar pensaba en lo difícil que sería con mi habitación. Después de semanas de pensarlo y de postergar (similiar a procrastinate) decidí que el momento había llegado.
Inicialmente pensé que dolería pero fui implacable.

No me importaron los kilos de fotografías, cartas y recuerdos, arrasé con la mayoría en una catarsis que casi me lleva a renunciar a TODO a pesar de que siempre fui algo blanda.
Llegué entonces al punto en que tuve que decidir qué recuerdos quiero conservar y cuáles es mejor dejar ir (aunque tomando en cuenta mi pésima memoria no será difícil que al tirar algo quede en la basura eternamente).

El método fue sencillo: me pregunté qué cosas quisiera recordar en mi lecho de muerte. El resto, a la basura. Puede sonar dramático pero creo que la referencia es decente.

Al final salieron únicamente dos cajas (en su mayoría llenas de discos y películas) y una gran bolsa de basura. Afortunadamente los libros quedaron empacados hace unos meses y ahora no tengo que sufrir tanto (¡¡salieron 10 cajas!!). La ropa finalmente la guardo en otro lado por razones de espacio. Ahora el cuarto luce pelón. Entre las paredes rojas quedan solo las camas y algunos muebles que se quedarán ahí, el resto tiene un destino desconocido para mi.
No siento nostalgia ni tristeza, fue un lugar seguro pero desdichado también, y ya, adiós.


Pd. Encontré la foto que ilustra el post anterior, esa definitivamente se queda.

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