
Uno tiende a idealizar a la persona que funge como intermediaria entre el Lic. Fulano y aquel que quiere ver al Lic. Fulano. Esta esfinge se nos presenta pétrea o lábil, y la mayoría de las veces, con una galleta escondida en el cajón súbitamente cerrado en el momento que el visitante aparece dando los buenos días.
La dichosa esfinge se esmera en lucir ocupada para no dar mala impresión; a la velocidad de la luz minimiza la ventana del horóscopo y abre un Excel con cifras ininteligibles, que probablemente respresentan las ventas de Avon, Tupperware, Betterware, Andrea, Fuller y demás del mes.
Conozco esos catálogos, me los han ofrecido con insistencia y me los han descrito hasta el cansancio recomendándome que compre lo mismo una crema reafirmante o figuritas de plástico para baño, un set de tuppers "super prácticos para el lunch de los niños" con imágenes de Winnie Pooh, unos elegantes perfumes de Avon que se parecen mucho a los de Fraiche y cuyo atomizador se parece mucho al de los productos de limpieza.
Confieso que mi única debilidad es ver zapatos, aunque evito comprar por catálogo dadas las malas experiencias ajenas con los tacones de las "prestigiosas" marcas del vistoso y enigmático catálogo, porque cabe aclarar que NO es lo mismo el catálogo de zapato abierto, que el de botas y el de tacones o deportivo. Pft!
Todo eso ronda por la mente de esta dichosa esfinge que si bien puede ofrecernos una sonrisa, puede por detrás apuñalarnos con el comentario más flamígero y mal intencionado que podamos imaginar.
Estas mujeres vienen en diversos tamaños, colores y grados de aceptación de la propia situación secretarial. Algunas estudiaron secretariado con la ilusión de casarse con un jefe guapo y rico, terminaron con un tipo gordo, feo y mantenido; otras abiertamente dicen con mirada pueril que la escuela les da flojera, mientras echan un vistazo al TvNovelas o al Hola!; las menos te dicen que se sienten a gusto con su trabajo; algunas dicen que a falta de pan tortilla; una que otra dirá que siempre soñó con ser licenciada.
Pero se pueden distinguir otros dos tipos de secretaria: la que gana poco por mucho y la que gana mucho por nada.
La primera llega, abre la computadora, checa los pendientes, las citas, itinerarios, reuniones, a quién comunicar, a quién decirle: disculpe salió de viaje, a quién echarle bronca por el pésimo servicio de tintorería, las llamadas de la esposa, llevar los gastos personales del jefe y su familia, mandar a recoger el carro del taller, justificar gastos, controlar la caja chica, hacer trámites de universidad, etiquetas, llamadas, folders, minutas, llamar a papelería para que surta porque se acabaron los clips, llamar a sistemas, hacer reservaciones, llevar cuenta y registro de cuentas bancarias, fechas de inscripción de colegios de los hijos, checar gasolinas, vacaciones, festejos familiares, cumpleaños de colegas, etc. etc.
La segunda llega, pide un tamalito y atole al subordinado, se maquilla mientras desayuna, reposa el desayuno, llama a las amigas de otras áreas, cotorrea con las amigas durante aproximadamente una hora, se ponen al día con los chismes, se llaman y se visitan numerosas veces al día, se saludan aun más, llaman al esposo para recordarle alguna cosa, lo regañan, se pelean, llaman a la mamá a ver como sigue del reuma y para discutir asuntos familiares, contestan una llamada y dicen: no está, aun no llega, deje mensaje, van al tocador para dar mantenimiento a peinado y maquillaje, sacan algunos papeles, los dejan en el escritorio mientras checan una que otra página de horóscopo y chismes, comienzan a trabajar aproximadamente una hora después de que el jefe llega (11am-12pm). Miran los pendientes una y otra vez y hacen otra llamada personal para armarse de valor y poder trabajar, a la 1:30pm van agarrando paso para trabajar, poco antes de la comida comienzan a llamar a todo mundo para acordar el lugar de la comida, salen puntuales a comer, pasa el tiempo y llegan unos 20 minutos tarde, se quedan en recepción platicando sobre lo buena que estuvo la comida, van al tocador, más mantenimiento, llamada a la familia para saber si comieron y qué comieron, reposo post-alimenticio, llamadas sociales, visitas a otras áreas para conseguir una impresión inconseguible en la propia área, llamadas, una junta o un par de encargos, espejito para checar maquillaje y dientes, retoque de perfume de Avon, unos cuantos pendientes, refunfuño por no salir a la hora y tener demasiado trabajo, llamada personal, salida.
Seamos flexibles en nuestra taxonomía secretarial: hay muchos híbridos que combinan características de ambos tipos, y hay aun una que otra que aun sueña con salir de su jaula de peltre. Pero todo esto tiene un trasfondo terrible: la mayoría están insatisfechas y muchas ya se acostumbraron a su insatisfacción.
Jefes prepotentes, maridos patanes, compañeras complicadas, hipocondria y la mayoría deprimidas y todo eso se traduce en una agresividad que jamás había visto en un ámbito laboral, es un bullying constante, que deriva en grupos como en la primaria.
Es similar a estar en alguna playa de Australia nadando entre medusas venenosas, pueden parecer agradables y hasta bonitas, pero seguro son venenosas.
Será que mi torpeza social me impide completamente comprender a esta rencorosa especie, pero lo cierto es que en cuanto la secretariedad se adueña de la gente, se vuelve un asunto vital saber quién diablos tomó la engrapadora (de la empresa), se acabó las hojas (de la empresa), se tomó las cocas (de la empresa), celebró con un pastel carísimo a un pobre diablo que ni lo merece (con dinero de la empresa), etc. etc. Vaya, a mayor antigüedad, más dueñas de la empresa.
Algo he de aceptar, dado que he sido dura con esta figura incónica, para todo ello se requiere mucha resistencia, vivir en un mundo gobernado por hombres en su mayoría con menores habilidades multitask que ellas, tiene un gran mérito.
Administrar desde su poderoso teléfono lo que sea: lo social, lo familiar, lo laboral, es un arte.
Saludar de beso y sonreirle a la tipa que peor les cae, desearle buenas tardes e incluso desearle buen descanso y buen fin de semana cuando se retira, es digno ejemplo para cualquier diplomático.
Salir ilesa de una situación donde el jefe humillantemente hace notar a sus colegas los errores cometidos sin mentársela o llorar, es sencillamente más de lo que yo podría soportar.
Ahora, no hablo al tanteo ni con dolo, mi bisabuela (Q.E.P.D.), mi tía bisabuela (Q.E.P.D.) y mi tía abuela fueron secretarias y puedo decir que eran muy sabias e increíblemente diplomáticas.
Solo tengo algunas preguntas que dejo al aire: ¿Será que las secretarias actuales son distintas a las de la vieja escuela? ¿Será que todas con el tiempo se vuelven sabias?
NOTA: Así como a tu madre no le darás una lavadora o set de cocina de 10 de mayo, no le regales a tus secretarias cercanas ítems de oficina, el mejor regalo debe ser relajante.

No comments:
Post a Comment