Thursday, July 9, 2009

Apasionarse

Recientemente para un trabajo final de la escuela me enfrenté a un tema terrible por voluntad propia y sin saber en qué me metía, y resultó sumamente difícil manejar la información porque además de indignarme, dolerme y atemorzarme, me provocó pesadillas durante varias semanas.
Quise evadir el efecto que me estaba produciendo la elaboración de dicha investigación, pero por la noche nuevamente, entre las pesadillas y el llanto del bebé vecino a las 3am, la situación cada día se volvía más tortuosa.
Constantemente, mis allegados preguntaban por qué había elegido ese tema, y entre mis vacilantes respuestas logro rescatar una: siempre he tenido un compromiso social muy fuerte. Claro que mi humilde investigación no va a cambiar el mundo y probablemente sólo la lea mi profesora, pero el hecho de tener tanta información sobre un tema que me preocupa profundamente tiene doble filo: por un lado me tranquiliza saber él qué de las cosas porque considero este saber como una forma de prevención; por otro lado alimenta mis paranoias habituales y me deprime.
El último día de clases, la profesora preguntó a cada uno cómo nos fue con el trabajo final y no pude evitar decir que el tema que elegí me apasiona y que a pesar de mi constante tristeza al respecto, creo que es algo de lo que vale la pena hablar, a pesar de ser una llaga enorme en el cuerpo social.
Después de haber escuchado a todos los compañeros, la maestra comenzó a hablar de varios aspectos del curso y finalmente nos dijo algo que hasta ahora resuena en mi cabeza: chicos, no se apasionen.
¿Queeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeé?
Acabo de volcar mi alma en una investigación en la que me esforcé por alcanzar el mayor grado de objetividad, donde evité opiniones personales y puntos de vista y me limité a analizar datos, contenidos y confrontar versiones diferentes del mismo tema... y esta mujer con expresión lacónica dice: no se apasionen.
Entonces dejé de escuchar sus palabras e internamente comenzó un grave cuestionamiento sobre la veracidad y valor de sus palabras. Las mismas preguntas se repetían en mi mente: ¿La pasión está peleada con la objetividad? Si a uno le encanta lo que hace es porque hay pasión, ¿quiere decir que no seré objetiva? ¿Mis futuras investigaciones deberán tratar sobre temas que den igual? ¿Qué hacen entonces los columnistas?
Si, comprendo la diferencia entre la opinión personal, el ensayo, el chisme y una investigación, sé que no es lo mismo y que no se manejan de la misma forma, pero ¿qué sucede si el tema de cada uno de apasiona? ¿debo entonces renunciar a ese sentir?
Terminé pensando paranoicamente que no es la primera vez que la maestra me contradice tajantemente y que probablemente le caigo muy mal.
Y esto viene a colación porque acabo de leer la columna de hoy de Lydia Cacho, de la cual me atrevo a reproducir aquí un fragmento:
"Hace una semana una mujer murió en manos de un secuestrador que debió suicidarse sin saber qué hacer. Antier, asesinaron a Benjamín Le Barón, pero su comunidad no está asustada, está indignada y les rebasa en número y en fuerza moral. Ustedes cuentan con la cobardía y avaricia de algunos gobernadores, procuradores y jueces, eso está claro. Sin embargo no crean todo lo que ven, todo lo que leen. Este país no vivirá secuestrado por el miedo. Cada vez hay más gente que les señala, que les reconoce, que logrará, como hizo Benjamín, que otra veintena pague por sus delitos. Ustedes, en realidad, son poca cosa, su camino es el equivocado, y este país aún es nuestro."*
La pasión, en algunos casos, se vale de muchos adjetivos y no por ello es menos válida. Si el fragmento anterior, escrito por una persona que admiro y que considero una gran periodista, no es producto de la pasión entonces el periodismo es puro bluff.
* CACHO, L., Carta a los secuestradores en Plan B, 9 de julio de 2009, El Universal en línea, http://www.eluniversal.com.mx/columnas/79035.html

1 comment:

  1. Hace poco leía a José Vasconcelos, un escritor muy apasionado, y pensaba justamente que tú disfrutarías leyéndolo. Él escribió: ¡Cómo le temen a la pasión! ¡Y qué más quisieran que una pasión generosa...
    Pienso que sí, aquellas personas que le tienen miedo a la pasión, en realidad, quisieran ser capaces de apasionarse. Tú no desaproveches tu capacidad de apasionarte, apasiónate.
    A.

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