Wednesday, June 30, 2010

No tiene manita no tiene manita porque la tiene desconchabadita...

Así cantaba mi abuelita cuando alguno de nosotros se quejaba porque le dolía algo. Mofa y cariño juntos. Tomaba las manos de los pequeñitos y les cantaba su cancioncita. A pesar del efecto sarcástico, yo me sentía muy bien de que alguien le cantara a mi dolor y me sacara una sonrisa, entre cómplice y satisfecha.

Actualmente cuando a alguien le duele algo en casa, no hay abuelita que nos cante, pero si una peque que nos dice "sana, sana, colita de rana" mientras frota el área afectada y nos regala un beso. Otro de los famosos remedios de la pequeña doctora es auscultar con un pequeño estetoscopio plástico y regalar una paleta imaginaria que se termina pronto. Cuando el coche no circula, ella no duda en determinar que el mejor remedio para que circule es la baba, hay que ponerle baba.

Esto viene a colación porque hoy fui al médico debido a una terrible gripa queme tuvo postrada con fiebre y mocos y esas cosas desagradables. Desde hace año y medio desarrollé terror a las consultas médicas y podría decir que tengo fobia a los consultorios desde que un negligente seudomédico inició su diagnostico diciendo que tenía yo una enfermedad mortal, basado en un solo síntoma, para más adelante, después de que la vida pasó frente a mis ojos, rematar con la estupidez de: bueno, también puede ser por esta otra razón. Al final resultó eso, una estupidez.

Mi historial médico es terrible, comenzando por el hecho de que soy hipocondriaca. Para mi una roncha es una terrible alergia, una pústula es una enfermedad tropical incurable, una fiebre es porque me voy a morir, un dolor de cabeza es porque tengo un tumor, un mareo es por ese mismo tumor, un piquete de bicho puede ser mortal y la tos seguramente es una nueva enfermedad que dominará el mundo y extinguirá a la raza humana... Bueno, el año pasado así lo hizo ver con muchiiiiísimo tacto el querido gobierno.
En fin, enfermiza, hipocondriaca y además fóbica, una consulta es para mi todo un reto. Claro, no son temores sin fundamento, me enfermo muchísimo desde pequeña y el año pasado estuve dos días internada por una gastroenteritis.
Normalito todo.
Hoy noté que ni mi gripa ni mi tos cedían al medicamento, así que decidí armarme de valor y buscar aleatoriamente un doctor que pudiera convertirse en mi médico de cabecera, uno que me inspirara confianza y que no me provocara fobia, uno muy capaz.
Hice cita con un médico completamente extraño, una cita a ciegas, y resulta que este doctor cubre el perfil: inspira confianza, revisa cuidadosamente, es amable y atento y sobre todo, observador y... sus honorarios lo reflejan perfecto.
Cambió el medicamento, mandó otro jarabe y listo, "mañana mismo sentirás la diferencia", dijo mi nuevo doctor. Eso me animó mucho. -Pero tu mayor problema no es la gripa.-dijo.

No voy a morir pronto a no ser que me arrolle un camión, choque, contraiga ébola o lo que sea, pero el doctor encontró un padecimiento extra que explica muchas otras cosas y además cubre con esa onda de la profecía autocumplida, en este caso, del hipocondriaco: si voy, me van a encontrar otra cosa. Lo bueno es que mi padecimiento es tratable, controlable y supongo que permanente, pero no para morirse, solo para cuidarse y poner más atención en la salud.

Ahorita estoy en la oficina, me siento agotada. Tengo trabajos finales qué hacer y quisiera ir a la cama sin pensar en nada. Quisiera que mi abuelita me cantara. Por fortuna, tengo en casa una pequeña doctora que me dará una paleta y me pondrá babita.

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